COMPLEJIDAD, UNA REALIDAD
PARA LOS VALIENTES
“Es una verdad absoluta que la verdad es relativa”
André Maurois
La complejidad es un hecho que nos afecta a todos, aunque no lo sepamos. Es una realidad que no es novedosa, sino que existe desde siempre, desde que el hombre es hombre y empezó a concebir las cosas. Con todo, tiene sus detractores, como la mayoría de las cosas: estos son los partidarios del paradigma de la simplicidad.
Al introducir la noción de paradigma, se hace imperioso ofrecer la definición de este término que manejaremos a lo largo de esta secuencia porque será fundamental para la compresión de las ideas subsiguientes. Así, Morín nos explica un paradigma como “un cierto tipo de relación lógica extremadamente fuerte entre nociones maestras, nociones clave y principios claves” los cuales “van a gobernar todos los discursos que obedecen, inconscientemente, a ese gobierno”. Esta definición supone pensar que cada cosa que emprendamos va a estar inclinada o sesgada por y hacia el paradigma que asumamos en nuestras vidas, a veces de manera involuntaria o no pensada, como nos afirma Morín, pues no todos sabemos que nos movemos bajo cierto paradigma.
Por otra parte, y teniendo lo anterior claro, si existe un paradigma de la simplicidad, el cual es contrario al pensamiento complejo, debe existir el paradigma de la complejidad que encierra dicho pensamiento y que, de igual manera que con el paradigma de la simplicidad, se ciñe a la definición de paradigma expuesta por Morín.
1.- SIMPLICIDAD Y COMPLEJIDAD: DOS CARAS DE LA MONEDA
Trataremos acá de diferenciar a la simplicidad de la complejidad buscando de esta manera una definición clara para cada uno de estos paradigmas. La simplicidad generaliza o excluye mientras que la complejidad une y acepta la diversidad. De esta forma, el paradigma de la simplicidad “ve a lo uno y al lo múltiple, pero no puede ver que lo Uno puede, al mismo tiempo, ser Múltiple”, cosa que hace y en la que se sustenta el paradigma de la complejidad.
Así pues, bajo el criterio de objetivos o propósitos, diremos que el paradigma de simplicidad tratará de explicar a través de un solo hecho toda la realidad es decir, reducir dichos hechos a leyes a principios universales y al hacer esto, evidentemente dejará por fuera ciertas cosas: es lo uno o lo múltiple, pero no pueden ser los dos al mismo tiempo mientras que el paradigma de simplicidad pretende unir dos nociones que lógicamente parecen excluirse pero que son complejamente complementarias una con otra: lo uno y lo múltiple pueden ser los dos al mismo tiempo.
2.- NECESIDAD DE UN PARADIGMA
Quizá, a primera vista, no veamos todas las implicaciones que supone ser partidarios de alguno de estos paradigmas y cómo esto influye en nuestras formas de actuar, pensar y sentir. No obstante, ha de quedar claro que, en todas las veces, tendrá implicaciones e influirá en todas estas manifestaciones del ser, pues son paradigmas. De alguna forma, algo que puede darnos luces acerca de dichas influencias e implicaciones sería cuestionarnos si, realmente podemos crear leyes para explicar cosas tan difíciles y tan cotidianas (me atrevo a decir) como lo son el amor, el odio e incluso, la vida misma.
Si esto fuese así, nuestras vidas serían como maquinas perfectas que podríamos controlar, hacerle servicio y predecir su comportamiento. Todos podríamos tener la vida ideal pues, por ejemplo, en el caso de las relaciones de pareja, si existiesen leyes universales las desilusiones amorosas no existirían ya que una ley nos garantizaría los mismos resultados de acuerdo a las acciones emprendidas para obtenerlo, de tal manera que podemos afirmar que la simplicidad suprime la incertidumbre, una relación se dará o no se dará, no hay más opciones y lo sabemos de antemano. Empero, estamos al corriente que esto no es así pues nuestras propias experiencias nos dicen otras cosas.
Por ejemplo, al caso anteriormente expuesto, la complejidad, respondería recurriendo a “la incertidumbre, a la incapacidad de lograr la certeza, de formular una ley…” es decir a la posibilidad de opciones. De tal manera que en el caso de las relaciones de pareja, la complejidad diría que una relación se te puede dar o no se te puede dar, pero no solo ello, sino que se te puede dar y no darse al mismo tiempo. Esto tal vez suene extraño de entrada, pero reflexionando un poco podemos, quizá, podamos darnos cuenta que la ocurrencia de este último caso es más común de lo que queramos aceptar.
Allí es donde está la riqueza de la complejidad, pues al no excluir sino unir, vemos la realidad de una manera más amplia. Muchos casos pueden ejemplificarnos toda la complejidad que tenemos alrededor, es decir dos realidades que parecieran ser excluyentes pero que complejamente se complementan: el orden y el desorden, el amor y el odio, la vida y la muerte, entender las cosas y no entenderlas.
Encontrarnos en cualquiera de los paradigmas supone consecuencias claras en nuestro pensar, actuar y sentir. Sin embargo me inclino a pensar que la visión paradigmática simplista limita la realidad de la vida generando quizá decepciones a no poder poner orden en todos los aspectos de la vida y no poder explicar algunas realidades. En ese sentido, podemos afirmar que la simplicidad ha dejado ciertos vacios que la complejidad podría llenar. ¿Será esto así?
3.- LA COMPLEJIDAD ¿UNA ALTERNATIVA O UNA REALIDAD?
3.1 Los tres principios de la complejidad
Partiendo de que la simplicidad no satisface algunas de nuestras exigencias, se hace necesario hacer hincapié en la complejidad para explicar, sorprendentemente, realidades de la vida cotidiana.
Existen, en ese orden de ideas, 3 principios, principalmente, que nos ayudan a pensar en complejidad. Un principio, como bien sabemos, es el que da pautas, da sentido al paradigma.
El primer principio es que el denominaremos principio dialógico y es aquel que “asocia dos términos complementarios a la vez antagonistas” es decir, dos posturas opuestas pero que son complementarias y en el momento que se cruzan producen complejidad.
El ejemplo más ilustrativo para explicar este principio es el de los géneros. No hace falta explicar que los géneros (masculino y femenino) son antagónicos desde todo punto de vista. Sin embargo estos son complementarios pues sus órganos sexuales fueron diseñados para unirse de forma perfecta: uno se complementa con el otro al momento de la reproducción y al darse este acto estamos en presencia total de complejidad. Así, dos lógicas complementarias se unen para dar complejidad.
En segundo lugar, nos encontramos con el principio de recursividad organizacional. Este principio se entiende fácilmente pensando en el remolino: “Cada momento del remolino es producido, y al mismo tiempo, productor”. En ese sentido, los productos y efectos son al mismo tiempo causas y productores de eso que producen.
Para ilustrar lo anterior podemos pensar en una sociedad y los hombres. Los hombres crearon las sociedades, sin duda alguna, pero tampoco podemos dejar de afirmar que las sociedades han creado a muchísimos hombres. Así, los productos son productores de eso que les produce.
Por último, encontramos el principio hologramático el cual nos presenta que “no solo la parte está en el todo sino que el todo está en la parte”. Pertenecer a una organización da pautas de vida e influye en lo que las personas son, pero, al mismo tiempo, al las personas pertenecer a la organización eso hace a esa organización única y cambiaría en su ausencia. En ese sentido, el todo está en la parte y la parte está en el todo. Aunque la simplicidad niegue esto de redondo.
3.- ¿ASUMIR LA COMPLEJIDAD?
Hemos visto que la complejidad es un hecho evidente. Nuestra realidad absoluta es compleja. Partiendo de que somos sujetos y ser sujeto “es ser autónomo siendo, al mismo tiempo dependiente” (Morín, Pág 97) pues nos reconocemos como individuos pero hay una subjetividad comunitaria ineludible. En ese sentido se hace evidente que nosotros somos seres complejos, no somos ni lo uno ni lo otro sino las dos cosas al mismo tiempo.
Más aún, nuestra propia autonomía es compleja pues “depende de condiciones culturales y sociales”. Para llegar a ser autónomos necesitamos del lenguaje, cultura y saber, los cuales obtenemos sólo del contacto con el otro. La noción de complejidad está grabada en nosotros y es inevitable.
En ese sentido vivir en la contradicción autonomía-dependencia, amor-odio, etc, implica asumir la complejidad pues la realidad no se puede, como ya hemos visto, explicar de manera lineal si no que existen altos y bajos que hay que saber aceptar, explicar y asumir.
4.- LA VIDA ES COMPLEJA: EL MOTOR DE LA VIDA ES LA EDUCACIÓN
Que la complejidad esté en todas partes nos lleva a pensar que la vida es unA complejidad.
Los retos que supone asumir la complejidad de la vida son muchísimos pero son los que le dan emoción, acción y verdadero pensar reflexivo a nuestras vidas. Vivir en la contradicción no significa vivir disociado sino que significa experimentar y arriesgarse a las posibilidades que supone la complejidad: Significa no vivir sólo en lo evidente sino ir más allá.
A su vez, la realidad de la complejidad no lleva a negar que existan verdades absolutas por las cuales podamos manejarnos de manera infalible. Sino que conocer la complejidad nos lleva a pensar en cantidad innumerable de alternativas que se nos presentan en la vida llevándonos a contradicciones.
Vivir esas contradicciones es fundamental, conocer el paradigma de la complejidad y aventurarnos en él se vuelve entonces clave para enfrentar estas contradicciones y poder llevar una vida mejor, respetando nuestra autonomía y respetando a los demás.
La complejidad en ese sentido nos lleva a pensar en el otro, a tolerarlo y respetarlo desde todo de vista pues no existe una única realidad sino múltiples realidades y la complejidad nos dice que no es ni una ni es la otra sino que son ambas al mismo tiempo.
Por último, las implicaciones en educación son grandísimas pues nos llevan a pensar en el hecho educativo de forma compleja. El curriculum no es una verdad única y aunque sea el mismo, todos los alumnos aprenderán de forma distinta. La complejidad nos invitar a acompañar la realidad de cada uno de ellos.
La vida es una complejidad. En cada uno de nosotros está asumirla y no escondernos en la simplicidad de lo simple.

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